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La responsabilidad de los gobiernos de prevenir y proteger a los inversores mediante leyes, organismos reguladores, normas y regulaciones, es un principio o fundamento básico que, tratándose de “criptomonedas” y sus variantes, tokens, parece obviarse en algunos países y ser un obstáculo en otros, a juzgar por lo que se ha visto desde que los productos ganaron popularidad como alternativas de inversión. Las autoridades han sido indulgentes con su creación y negociación, e incluso se han visto involucradas en casos de perjuicio generalizado, como el de la $LIBRA argentina, que debería marcar el fin de la condescendencia, y conducir finalmente a una definición regulatoria.

El valor intrínseco de las “criptomonedas”

¿Hay sustancia o valor intrínseco en estos supuestos activos? Si lo hay, no parece ser el elemento en el que se basa su precio. Lo que vemos es que la cotización fluctúa, se dispara o desploma, por un simple hecho o trivialidad como el tweet de una persona influyente (empresario, deportista, actor de Hollywood), el llamado inoportuno de un presidente, o hechos extraordinarios como la aceptación por parte de ciertas corporaciones. Es probable que el único factor justificado, con la debida cuantificacion del alcance, sea la autorización de la SEC para crear diversos ETFs o fondos mutuos con ellos. Mas eso habria de influir en el precio de referencias específicas, no de todo el segmento. 

¿Alguien puede estimar razonablemente el valor real de una unidad de Ethereum o Bitcoin? ¿Puede alguna autoridad referirse a la fiabilidad, veracidad o cumplimiento de criterios generales que permiten la negociación de un “cripto-activo”/token?

Los inversores, ahorradores o jugadores adquieren lo que suponen que contienen estos pseudo activos, sea o no algo sustancial o valioso, sin considerar la medida y dimensión de las perdidas potenciales.

  • En los mercados tradicionales (acciones, bonos, divisas, materias primas) los riesgos, bajos o altos, se asumen con la expectativa de beneficios equivalentes
  • Se acude al casino con la disposicion de perder, sin decirse engañado tanto por la naturaleza del juego como por la certeza matemática de la ventaja de la casa, que no ofrece nada más que una rendija aleatoria para aspirar a una ganancia tentadora
  • La ruleta rusa es un juego mortal, ilegal, en el que el riesgo es la muerte y el beneficio principal, si hay otro, es mantenerse con vida.

Así fue como describió el presidente argentino, tras el derrumbe, lo ocurrido con el token que había promocionado o difundido, llamándolo un “proyecto de crecimiento económico” que, según él, financiaría a pequeñas empresas y emprendimientos. Confundió el negocio de los “cripto-activos” con una oferta publica de acciones o bonos. O engañó con él. No fue una simple analogia la expresion que refirió como epitafio «A los perdedores les tocó la bala». La máxima autoridad de un país, que debería impedir y castigar a los que implantan este tipo de prácticas, o al menos advertir sobre sus riesgos, las incentiva, para luego culpar a los perdedores.

No son dinero, quizá ni siquiera «activos», pero están autorizados y promovidos

Las «criptomonedas» no son dinero porque no tienen las propiedades necesarias (aceptabilidad, portabilidad, divisibilidad, entre otras), no cumplen las funciones consabidas (unidad de cuenta, medio de pago…), ni tienen valor intrínseco. Tampoco hay definiciones sobre cómo deberían ser, ni qué condiciones se requieren para ser ofrecidas como una alternativa de inversión formal.

Sin elementos de valor, no hay forma de estipular un precio. ¿Por qué $LIBRA salió al mercado a 17 centavos y no a 5 o 1 centavo? ¿Qué fundamentos impulsaron el precio tan alto? También podemos preguntar o preguntarnos por qué Bitcoin se disparó a más de $100,000 y no solo a $50,000 o $10,000?

En consecuencia, la mayoría de los países no considera (¿todavía?) que las “criptomonedas” sean dinero y, por lo tanto, no permiten su uso formal en la economía. Sin embargo, ninguno prohíbe su negociación en mercados alternos o paralelos a los reconocidos, e incluso Estados Unidos otorga a algunas el estatus de activo o mercancía y autoriza su registro en bolsas a través de fondos mutuos (principalmente ETF), y su listado como materias primas en mercados de derivados. La advertencia de un conocido banquero que las calificó de “esquema Ponzi” quedó en el aire. Así que el mensaje a los inversores es desconcertante: no son aceptadas ni reconocidas, pero están autorizadas.

Proteger a los inversores o inducirlos a perder

Más allá de Estados Unidos, los gobiernos disimulan, con su rechazo a abrirse a las criptomonedas, su deber de proteger los intereses del público, que de cualquier modo compra, vende, gana, pierde o sufre estafas. Los gobiernos han reaccionado cuando el daño general ya ha sucedido (caso FTX y ahora caso $LIBRA); pero no actúan de manera preventiva. A través de las comisiones de valores, los bancos centrales, las secretarías o ministerios de tesorería, e incluso de seguridad interna, podrían establecer estándares para la creación, producción, configuración y, posteriormente, hacer evaluaciones y auditorías, para verificar si los administradores y los supuestos activos cumplen con las cualidades y demás elementos que los hagan viables. Lejos de eso, en algunos países hay un estímulo o disposición a que el público asuma riesgos considerables e inconcebibles.

La actitud ambigua de Estados Unidos (el «no» de la Reserva Federal; el «sí» selectivo de la SEC) pudiera replantearse en la nueva administración, en la que al menos un integrante del gabinete es impulsor del fenómeno. Sobra decir que un secretario o ministro está para velar por el interés público, no por el suyo propio. En Europa, parece que los dirigentes han esquivado el tema y se han hecho la vista gorda. No permiten los cripto-activos, pero todo el mundo negocia sin restricciones. En América Latina, al menos Argentina y El Salvador quieren ser vistos como innovadores, asignando a la población un costo potencial muy elevado. Y los demás países, incluido México, están como esperando a ver qué hacen los países más desarrollados.

¿Qué hacer con los «cripto-activos»? 

A estas alturas, no parece viable prohibir las “criptomonedas”, referencias o tokens, ni desmontar las estructuras creadas, sino solo aquellas que puedan ser o sean estafas… pero eso se hace cuando ya ha habido daños.

Creo que es posible regularlas, incluso de forma estricta, para limitar su creación y negociación, y hacerlas transparentes, aunque no aceptarlas como dinero. Y como principio, impedir que los gobiernos y funcionarios (por cuenta propia o a través de sus grandes empresas) las promuevan, participen o induzcan a la población a participar en ellas.

Video-charla sobre el tema: https://youtu.be/urNhO-NjRN4

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