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Un trámite que uno no quisiera hacer, por engorroso y dilatado, es la renovación anual de la “Modalidad 40” en la Subdelegación 3 del IMSS, en Nuevo León. Es que hay que sufrir la obsolescencia, el papeleo excesivo, las funciones manuales, el malhumor de los empleados, y aguantar desdén, errores, trabas, idas, vueltas, sin poner mala cara. Más vale no quejarse para no ser perjudicado. Dos rasgos ilustran el disparate:

1) El documento probatorio del pago no importa; lo que cuenta es que la copia del documento vaya en cierta parte de la hoja. 

2) Lo que podría hacerse en minutos requiere al menos 4 horas, y otra de traslado. Más el costo de dejar los quehaceres.

Formatos. Copias. Más copias

El contrato de la Modalidad vence en enero, cuando se hace el último pago. A partir de ahí esperamos cuatro meses. No hay explicaciones del aplazamiento, aunque la razón es clara: el procedimiento anticuado, a mano, basado en el apilamiento de papeles, lleva su tiempo. Los cerros de expedientes (se aprecian gabinetes, mesas y escritorios atiborrados), se envían a Ciudad de México para su validación. 

Durante marzo o abril, el interesado acude a solicitar la cita para renovar. El mayor avance tecnológico en años, que debemos a la pandemia, es que la solicitud puede hacerse por email

La asignación de fecha y hora nos la dan con advertencias. Copio y pego, sin tocar los errores ortográficos: “su cita quedo programada para el día 15 de Mayo 2025 a las 09:00 am. Favor de acudir con la siguiente documentación en original y copia, de lo contrario no será posible realizar el trámite”. “REQUISITOS PARA INCREMENTO DE SALARIO EN MODALIDAD 40 2025

  • Contrato anterior
  • Comprobantes de pago correspondientes a enero, diciembre y noviembre
  • Identificación 
  • Comprobante de domicilio 

Son seis documentos con sus respectivas fotocopias. Es llamativo que, mientras los afiliados comprobamos la aplicación de las aportaciones en Afore Móvil u otros mecanismos en línea, el IMSS, a la antigua, requiere validarla con copias de los recibos bancarios que deben presentarse con el formato de pago. Por lo demás, no basta que la subdelegación conserve varios tantos de todo: los contratos de los años anteriores; la identificación, que es la misma que se ha entregado año tras año (la del INE es válida por 10 años). Y el domicilio, consignado en la identificación, que puede no cambiar en media vida ¿Cuál es el motivo para acumular al expediente más copias de los mismos documentos?

Algunos días posteriores al correo de la cita, y a diferencia de renovaciones pasadas, nos enviaron uno más con un par de formatos adicionales para ser impresos y anotar en ellos, “…UNICAMENTE, con NOMBRE, NSS, CURP, DOMICILIO, FECHA DE NACIMIENTO…”. Únicamente, dice… como si fuera uno y no varios datos, que desde luego ya están asentados en los demás documentos.

La cita de la desesperación

Partí a la cita a las 8:30. Llegué al destino, frente al Metro Santa Lucía, lado norte de la Avenida Félix U. Gómez, a las 8:57. Saludé en recepción, donde nos indicaban que hiciéramos fila para que nuestras fotocopias fueran revisadas, no sea que faltara alguna. Los originales parecían estorbar al revisor, que nos los regresaba. Pero que no se le ocurriera a un ingenuo decir “no traigo el original” porque, lo he visto, estaría impedido a continuar hasta que mostrara traerlo. Luego de mostrar lo mío, me asignaron el turno “18” para las ventanillas 11 ó 12. 

La sala principal estaba llena. A todos (mujeres encintas, adultos mayores en silla de ruedas, jóvenes dubitativos), se nos notaba la cara de fastidio. Algunos murmuraban con el desconocido de al lado sobre el sinsentido de los requisitos o desahogaban su frustración por las horas a perder, por sus obligaciones desatendidas. Una voz detrás: «¿Por qué no hacen un software?» La respuesta: «para ellos, así es el software«.

Esta primera espera es siempre la más larga. Después de una hora, una usuaria que dejó la ventanilla 11 gritó mi turno dos veces. Y ahí fui. El empleado tomó mis documentos, revisó, clasificó las fotocopias, y tecleó concentrado, como si hiciera una labor científica. Lo vi actuar, levantarse e irse. Regresó con muchas hojas y me pidió firmar cada una. Finalmente, me entregó un tanto del nuevo contrato, de febrero a enero, para llevarlo a la ventanilla 22, donde me darían los formatos de pago de febrero, marzo, abril y mayo. Me dio instrucciones: “ya que haga los pagos (acá afuera hay una sucursal de Banorte), saque copia de los formatos y recibos de pago, y regrese a las ventanillas 13 a 14”. Y me indicó que gritara el número del siguiente usuario.

La fotocopia es más valiosa que el original

Mi turno para la ventanilla 22 fue el “C 311”. Había que estar atento para escuchar el llamado de la dama a cargo, de voz imperceptible: “302” llamaba, como queriendo no ser oída. “302”, repetía, sin convencimiento ni ganas.

Espera y trámite requirieron casi 40 minutos. Eran casi las 11:00 horas. Ya podía ir a pagar las cuatro cuotas, un total de 46 mil pesos. Ni una menos, para evitar recargos. Como no es posible hacerlo por banca electrónica, y no es adecuado retirar tal suma ni llevarla en el bolsillo, hay que ir al banco del que uno es cuenta-habiente. Waze refiere que la sucursal cercana está a 8 minutos en auto y 15 a píe. Pese a los 41 grados y un sol para fundirnos, fui andando. Llegué y tomé un respiro. Pagué y pedí dos tantos de cada recibo. A las 12:00 ya estaba pidiendo turno en la Subdelegación.  

Me dieron el “A 2438” para las ventanillas 13 – 14. Fui llamado a la 14 luego de 35 minutos. Cuando sentía yo el alivio de estar dando el último y más breve de los pasos, padecí el peor disgusto. Nunca falla. Entregué la fotocopia de cada uno de los formatos con su respectivo recibo grapado al anverso. El empleado se negaba a aceptarlos porque decía que los comprobantes de pago que yo le daba eran originales y no copias. Luego dijo que “se debe poner, en la misma hoja, la copia del formato al frente y la copia del pago atrás”. «¡Así!«, mostró tajante. «¿Y cuándo o cómo dieron esas indicaciones»? No había modo de que admitiera que el sentido de la fotocopia es comprobar el pago, y que el recibo dado por el banco cumple, mejor, como elemento probatorio. Él insistía, rígido y mandón, que eran las órdenes recibidas y que así tenía que ser, para evitarme problemas. Pedí hablar con su superior. Llamó a un compañero más joven que, como él, vestía pantalón vaquero, playera sin cuello y tenis, que respaldó la negativa con un seco “No se puede”. Por suerte pasaba por ahí, atraído por la disputa, el jefe de ambos. El empleado hablaba para evitar que yo expusiera el asunto. Cuando pude exponerlo, el jefe concluyó que estaba bien y miró al empleado para que diera curso. 

Una señora que aguardaba en la ventanilla 13 me miraba diciendo que, en una ocasión, por protestar por el pésimo servicio, le ocasionaron errores y le hicieron dar varias vueltas innecesarias.  

El empleado, sosegado y con menos aspereza, me dio el original del contrato, con el que debía volver a la subdelegación en la primera quincena de junio por el formato de pago de ese mes y el talonario para los siete meses siguientes. Esa será otra historia.

Me puse de píe. Fui al sanitario. Al abrir la puerta fui rechazado de golpe por el olor y la suciedad. El mingitorio era una pena (ahorro los adjetivos). Mejor no mirar los inodoros. Salí…

¿Para qué un software si se pueden apilar papeles? 

Afuera, desde mitad de la explanada, miraba a una pareja titubeante ante el peligro de cruzar al lado opuesto de Félix U. Gómez. Podía ser arrollada. Cavilaba yo otra vez lo pensado en 2024, que fue lo mismo que hace dos, tres, cuatro años: 

  • Muchas instituciones digitalizan la identificación y varios documentos más, y facilitan la firma por medios digitales, de forma rápida y segura ¿Por qué el IMS o esta unidad no?
  • ¿No se puede hacer, ni parcialmente, la renovación de la Modalidad 40 en línea? O en el menos adelantado de los casos ¿Cuál de las fases del procesamiento no podrían hacerse mediante un sistema? 
  • Ya que cada formato lleva la referencia del número de seguridad social ¿No es posible enlazar, vincular o alimentar un programa con los pagos efectuados y acreditarlos al beneficiario? 
  • ¿No puede contar el IMSS con algún recurso o herramienta para cargar la información y digitalizar los documentos? 
  • ¿Por qué no hay avances, cambios, adaptaciones a la tramitación manual, al papeleo, al sinfín de fotocopias, luego de tantos años?
  • O si de plano la escasez de recursos hace inviable un sistema automatizado, es claro que aun este procedimiento manual y obsoleto puede mejorarse. Es posible suprimir u optimizar pasos, evitar que el interesado pase a una ventanilla y espere turno para otras. Pero ni eso.
  • ¿Se hace así en general en todas las sub-delegaciones del país? ¿Sabe de esto el Director del IMSS?

Estacionamientos, papelerías: buenos negocios adyacentes

En el lado sur de la avenida hay varios estacionamientos descubiertos, sin piso, polvorientos, pero con alta demanda (los autos que esperan sitio llegan a bloquear la circulación). Su clientela en general, como la del changarro contiguo, de nombre rimbombante – “Snack El Paseo” “COPIAS” “COPIAS” -, tiene necesidad de ir al IMSS (a la Subdelegación, áreas administrativas, hospitales y unidades médicas). Los estacionamientos cobran por día, no por hora, y el precio de las fotocopias es descabellado. La pareja titubeante, que finalmente pudo cruzar, y a la que alcancé a unos pasos del changarro, hacía especulaciones: “¡Qué buenos negocios!” “Seguro son de alguien o de algunos del IMSS”. Qué gente tan malpensada. Expresarse así de servidores públicos.

Llegué a mi destino a las 13:25. Cinco horas perdidas en algo que podría hacerse en minutos, sin sofocarse ni exponerse en la vialidad. Sin malos tragos, ni maltrato. ¿Cuánto pierde quien no tiene auto, o el abuelo en silla de ruedas y la persona que lo acompaña?

Video alusivo: https://youtu.be/oS942TZrBUY

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